Tengo el número tatuado en cada neurona de mi cabeza... marco. El corazón palpita; ocupado. Marco de nuevo... da y atendes.
Ahora seguimos el mismo rito de siempre, que como estas, que qué hiciste, que nada; hasta que alguien comienza, se agarra de una cosa minúscula y la estira como un chicle, como ese queso de pizza recién sacada del horno. Es increible cuantas reflexiones se pueden sacar de una frase con doble sentido, de una mala pronunciación, o de una colgada monumental. Ya nos volvimos artesanos en el arte de charlar, y no aguantamos para seguir con esta construcción ficticia, que es una excusa. Una excusa para no hablar de lo que hay que hablar. Porque sabemos que si hablamos de lo que hay que hablar, todo se va al carajo. Toda esta farsa armada al rededor de tres o cuatro conceptos se cae. Y es una pena porque hemos desarrollado hasta un género en llamadas por teléfono, si es que hay géneros en llamadas por teléfono.Y es gracioso como nos hemos vuelto expertos en rodear el tabú, como esquivamos esa guillotina que termina con esta construcción fantasiosa. Y es gracioso como nos gusta acercarnos al tabú sin tocarlo, nos gusta jugar con fuego mientras no nos quememos. El juego sigue hasta que esas cosas molestas del exterior rompen la fantasía. Hasta que aparecen los otros, los que no son nosotros, los que no entienden, los que no juegan ni van a jugar. Pero no importa, ya hace rato que estoy charlando con vos, me duele la oreja, el cable está todo estirado y tengo ganas de ir al baño. No te digo nada mas que chau, pero sabés que mañana te toca hablar a vos. chau
miércoles, 7 de abril de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)